Es necesario revisar la tradición para seguir cantándola. Muchas veces, la tradición puede tratarse como algo que se protege, se conserva y se repite. Sin embargo, en el quinto episodio de la segunda temporada de Acordes Rurales, el folclore aragonés aparece desde otro lugar: como un material que se cuida pensándolo, revisándolo y adaptándolo al presente sin perder su forma.
Desde Castiliscar y a través del trabajo y la trayectoria de Ester Vallejo, el episodio plantea una pregunta clave: ¿cómo se mantiene viva una tradición sin convertirla en una copia del pasado?
El folclore como estructura
Uno de los aspectos más interesantes del enfoque de Ester Vallejo es su relación con las formas tradicionales. En su disco A La Fresca, la estructura de cancionero se mantiene: la manera de construir las canciones, los ritmos y las lógicas del repertorio popular siguen ahí. Lo que cambia es el contenido.
Las letras se revisan desde una mirada actual, dejando atrás imaginarios que hoy resultan ajenos o directamente excluyentes. No se trata de borrar la tradición, sino de hacerla habitable en el presente. El folclore, así entendido, no es un objeto intocable, sino una herramienta que debe dialogar con el tiempo en el que se interpreta.
Crear sobre la tradición también es formarse
Este ejercicio de revisión no surge de la nada. A lo largo del episodio aparece una reflexión sobre la formación musical y sus límites. Los conservatorios aportan técnica, rigor y conocimiento, pero a menudo dejan fuera una parte fundamental del aprendizaje: la capacidad crítica para entender qué se toca, de dónde viene y por qué se sigue tocando. Y, sobre todo, la idea de que una de sus tareas debería ser enseñar también cuándo y cómo romper las normas. Aunque haya maestros que lo fomenten, no siempre existe un espacio claro para el desarrollo de una personalidad artística propia.
Conocer la tradición no implica reproducirla de forma automática, sino comprender su contexto y asumir la responsabilidad de actualizarla desde una mirada personal. La formación, entonces, no es solo académica: también es ética, cultural y territorial.
Revisar la tradición no es traicionarla. Es asumir que, para seguir cantándola, debe poder decir cosas que tengan sentido en el presente. En este episodio de Acordes Rurales, el folclore aragonés se muestra como un espacio vivo, capaz de transformarse sin perder su raíz. Y quizá ahí resida su verdadera continuidad.
