La ruptura y el folclore

En el segundo episodio de la nueva temporada de Acordes Rurales, el folclore valenciano aparece como algo más que un legado cultural: se convierte en una herramienta para atravesar momentos de ruptura, para recomponerse y seguir adelante.

Hablar de tradición, en este contexto, no es hablar del pasado, sino de un lenguaje que sigue siendo útil cuando las palabras no alcanzan. Las tradiciones no solo sirven para recordar de dónde venimos, sino también para entender qué nos pasa ahora.

Cuando la música nombra lo que duele

Durante mucho tiempo, el folclore se ha asociado a lo festivo, a lo colectivo, incluso a lo decorativo. Sin embargo, en este episodio surge otra posibilidad: la de usarlo como un espacio donde poder hablar del dolor sin necesidad de disfrazarlo. La idea de “romperse para seguir adelante”, que atraviesa el trabajo de La María, conecta directamente con una realidad cada vez más presente: la de la salud mental como parte de la experiencia vital.

Aquí, la música no ofrece soluciones ni discursos cerrados. Lo que hace es acompañar. Permitir que la ruptura y lo frágil exista sin ser corregido. El canto popular, heredado y compartido, funciona como una forma de sostén: no elimina la herida, pero evita el silencio.

Tradición viva para problemas actuales

Uno de los puntos más interesantes que se desprenden del episodio es cómo el folclore, lejos de ser un refugio idealizado, puede dialogar con conflictos actuales. La salud mental no aparece como un tema ajeno a lo rural ni a la tradición, sino como algo que siempre ha estado ahí, aunque antes no se nombrara.

En este sentido, la reinvención del folclore valenciano no pasa solo por actualizar sonidos, sino por ampliar lo que se puede decir a través de ellos. La tradición deja de ser un marco rígido y se convierte en un espacio flexible, capaz de acoger emociones complejas sin perder su raíz comunitaria.

Si algo atraviesa este episodio de Acordes Rurales es la idea de que la creación musical puede ser una forma de resistencia íntima. No una resistencia grandilocuente, sino cotidiana: la de seguir expresándose incluso cuando todo parece desordenado. Desde Oliva, el folclore valenciano aparece así como un lenguaje que no exige estar bien para ser usado. Un lugar donde se puede llegar roto y, aun así, formar parte de algo más grande.

 

La ruptura no implica desaparecer. A veces, implica transformarse. En este episodio, la tradición no se muestra como una reliquia ni como un espectáculo, sino como una herramienta emocional que sigue teniendo sentido en el presente. Porque mientras haya canciones que permitan decir lo que cuesta, el folclore seguirá estando vivo.