Cantar en la lengua propia

Hay una pregunta que suele repetirse cuando alguien comienza a cantar en su lengua propia: “¿por qué lo haces así?” Desde Acordes Rurales consideramos que esa pregunta se queda corta. Lo interesante no es por qué se canta en una lengua concreta, sino qué permite expresar esa lengua que otra no permitiría.

En el episodio protagonizado por Mondra y grabado en el Concello de Teo, esta idea atraviesa la conversación de principio a fin, sin necesidad de subrayados ni explicaciones constantes. La lengua aparece como punto de partida creativo, no como justificación.

La lengua como parte de la experiencia

Para Mondra, el gallego no es un añadido ni una elección estratégica. Es el espacio natural desde el que se construye su música, su manera de entender el folclore y su relación con el público. No se trata solo de palabras, sino de cadencias, imágenes y formas de sentir que están ligadas a una experiencia concreta del mundo.

La experiencia y la carrera de Mondra muestran cómo el folclore puede ser un espacio actual cuando se aborda desde dentro. La lengua articula esa relación entre tradición y presente y, de forma natural, aparecen otras capas (el cuerpo, la identidad, la diversidad…). No como temas aislados, sino como partes inseparables de una voz artística que no se fragmenta para encajar en expectativas externas.

Una constante de Acordes Rurales

Lo que ocurre con Mondra no es un caso aislado. A lo largo de las temporadas de Acordes Rurales, ya hemos visto cómo distintos proyectos musicales parten de una misma premisa: la lengua propia no se elige, se habita. Ocurrió en la temporada pasada con propuestas que cantan en aragonés (Ixeya) o en asturiano (L-R), y vuelve a aparecer en esta con artistas que crean en valenciano (La María) o en catalán (Guillem Ramisa).

En todos ellos hay un punto en común: la lengua no funciona sólo como un elemento estético o como una reivindicación explícita, sino como el lugar desde el que se piensa la música. Es ahí donde se articula la emoción y donde la creación gana verdad. Más que una suma de casos individuales, lo que aparece es un patrón claro: cuando la música nace desde dentro de una lengua, no necesita traducirse constantemente para ser comprendida.

 

Cantar en la lengua propia no es un gesto de resistencia forzada ni una declaración programática. Es, muchas veces, la única manera de decir lo que realmente se quiere decir. En este episodio de Acordes Rurales, la música de Mondra nos recuerda que las lenguas no son intercambiables, y que en esa diferencia reside una parte esencial de la cultura viva.